El turismo médico en Venezuela es una realidad que pocos mencionan pero muchos venezolanos en el exterior practican: los precios de consultas y tratamientos, aunque altos para el bolsillo local, siguen siendo una fracción de lo que cobran en Chile, España, Colombia o Estados Unidos. En el día 6 de mis vacaciones en Venezuela 2026 me tocó acompañar a mi tía al oftalmólogo y al fisiatra — y lo que más me llamó la atención no fueron los precios sino el tiempo y la atención que le dedicaron.
Sí, para mí Venezuela es un lugar para hacer turismo… Un día es turismo de diligencias; al día siguiente, turismo médico. Con esa actitud me lanzo a dos citas médicas con una de mis tías: el oftalmólogo (consulta:50$) y el fisiatra (30$ por la consulta y 12$ por cada terapia; esas son tarifas de La Victoria; en Caracas, van de 80$ a 150$, dependiendo del médico).
Es enero, y es normal que no haya tanta gente en los consultorios, pero esta vez las salas de espera están completamente vacías: nadie en el fisiatra y solo una persona “para hacer una preguntica” en el oftalmólogo. La ventaja es que ambos le dedicaron largo tiempo a mi tía, un lujo inimaginable en otros lares.
Hablamos mucho, pero nada de la actualidad. Le pregunto a quemarropa a la enfermera del fisiatra: “¿por qué será que no hay gente? ¿Será que la gente aún tiene miedo de salir?”. Responde: “Bueno, no, hay días de días, a veces hay más gente”, dice, evasiva. Y el oftalmólogo, diciendo que mi tía debe regresar en dos o tres meses, pregunta qué día es. Le respondo: “Es que con tanto que ha pasado ya se siente que estamos en junio, ¿verdad?”. Se ríe pero tampoco cae en el tema. ¡Me quedo con la sensación de que perdí los anzuelos!
Si alguien quiere una visión más general del sector salud, puede oír una entrevista muy buena de Unión Radio: https://youtu.be/YjyKfFmKKaU?si=KTZoiL929hR_xEOQ
Próximo: Día 7 — La dinámica monetaria resumida en un cajero
Salí del consultorio pensando en esa característica venezolana de no hablar de lo obvio cuando hay un extraño presente — o cuando hay riesgo de que la conversación se complique. Los médicos atendieron perfecto, con tiempo y dedicación. Las salas de espera, vacías. Y la pregunta que quedó flotando en el aire, sin respuesta, sobre por qué había tan poca gente. Venezuela tiene el talento de dejarte con más preguntas de las que traías.
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