Me lo preguntan mucho. Los venezolanos que llevan años afuera, los que están pensando en volver, los amigos de otras nacionalidades que leen las noticias y no saben qué es real y qué es exagerado. «¿Cómo está Venezuela realmente?»
La respuesta honesta es que depende de muchas variables y que ninguna respuesta que intente ser simple va a ser completamente verdad. Pero voy a intentar decir lo que veo y lo que escucho de quienes están allá o acaban de volver.
La economía: dolarizada y desigual
Venezuela funcionó durante años con el bolívar como moneda principal. Eso cambió de hecho — no de derecho — hace varios años. Hoy la economía venezolana está dolarizada en la práctica: los restaurantes cobran en dólares, los supermercados de cierto nivel cobran en dólares, los alquileres en las ciudades se pagan en dólares.
Eso significa que quien tiene acceso a dólares — por remesas de familia afuera, por trabajo en empresa extranjera, por algún negocio que factura en divisa — vive relativamente bien en términos de acceso a bienes y servicios. Venezuela tiene supermercados bien surtidos en las ciudades principales. Hay restaurantes. Hay vida.
Quien no tiene acceso a dólares — quien cobra en bolívares un salario en el sector público, por ejemplo — vive en una realidad completamente diferente. La brecha es enorme y visible.
Los servicios: la historia de siempre, un poco mejor
La electricidad sigue siendo irregular en muchas partes del país. Caracas tiene cortes — menos que en el interior, pero los tiene. El agua sigue siendo un problema en muchos sectores. El gas doméstico escasea en algunas regiones.
Los que regresan de visita después de años afuera dicen que en algunos aspectos las cosas mejoraron respecto a los años más duros. Los anaqueles de los supermercados están llenos comparado con el 2016 o el 2017. Hay más carros circulando. Hay más restaurantes abiertos.
Pero «mejor que el peor momento» no es lo mismo que «bien.» El país funciona con los parches que la gente fue poniendo porque no había otra opción — los inverter en cada casa para la luz, los tanques de agua en los techos, el cilindro de gas que llega cuando llega.
La calle: la pregunta que más importa
La seguridad es la pregunta que más hacen los que están pensando en volver o en visitar. La respuesta es complicada porque varía enormemente según la ciudad, el sector y el momento.
Caracas sigue siendo una ciudad que requiere conciencia de dónde estás y cómo te mueves. No es la ciudad de los años noventa donde podías caminar por cualquier parte a cualquier hora. Tampoco es el apocalipsis que algunas noticias internacionales sugieren. Es una ciudad compleja donde mucha gente vive su vida cotidiana con normalidad y donde también pasan cosas que no deben pasar.
Las ciudades del interior tienen sus propias dinámicas. Algunas ciudades medianas son relativamente tranquilas. Otras zonas de frontera tienen su propia realidad.
La gente: eso no cambió
Lo que todos los que regresan dicen — lo que aparece en cada relato, en cada historia de visita — es que la gente no cambió de la manera en que uno esperaría que cambiara después de años tan difíciles.
El venezolano que quedó tiene una resiliencia específica que es parte orgullo, parte necesidad, parte humor negro y parte pura terquedad de no dejarse vencer del todo. La calidez sigue ahí. El chiste sigue ahí. La capacidad de hacer fiesta con lo poco también.
Eso no significa que todo está bien — está claro que no todo está bien. Pero significa que Venezuela no es solo lo que los titulares de los periódicos dicen que es. Es también esto: la gente que aguantó, que adaptó, que construyó algo en medio de todo.
¿Vale la pena ir?
Si tienes familia allá: sí. El reencuentro vale más que cualquier incomodidad del viaje o de la estadía.
Si llevas años sin ir y tienes dudas: la mayoría de los venezolanos que regresaron de visita después de años afuera dicen que se alegraron de haber ido. Que lo que imaginaban era más aterrador que la realidad. Que ver a su familia, caminar por las calles de su ciudad, comer lo que extrañaban — eso valió.
Si estás pensando en volver definitivamente: esa es una decisión más compleja que merece más conversación. En este blog tenemos una guía completa sobre el retorno definitivo que te puede ayudar a pensar esa decisión con más elementos.
Venezuela existe. Está difícil, como siempre, de maneras que cambian pero que no terminan de resolverse. Y también sigue siendo Venezuela — lo que eso significa para cada venezolano es una respuesta personal que nadie más puede dar.
¿Fuiste de visita recientemente? ¿Cómo encontraste las cosas? Cuéntanos — cada perspectiva suma a la imagen completa.
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