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Les comento sobre las impresiones que me he llevado hasta el momento, a 11 días de haber llegado a Venezuela (sin estadísticas, estudios ni cifras oficiales):
- En el avión de Panamá a Maiquetía había muchas más personas mayores de lo que habría esperado.
- En la calle, al menos en La Victoria, hay muchas más mujeres manejando moto. Mis primos en Turmero me comentan que allá, igual.
- En la calle hay muchas menos personas que le hablan espontáneamente a un extraño (parece generacional: los más jóvenes están inmersos en el celular).
- En la calle hay más personas mayores solas que no deberían andar solas (en la camioneta a Caracas una señora que me da la impresión de ser ciega y otro que pienso que es un genio o que tiene algo de demencia; ayer un señor sordomudo que intenta ayudarnos mientras mi tía se monta en el carro pero da la impresión de que más bien él necesita ayuda).
- En la calle hay más gente «con calle».
Y mi impresión general la resumió un sobrino con la frase siguiente: “O sea que todo está igual pero menos pior».
Esta serie arrancó con la bitácora del día 1-2. La historia continuará: Venezuela siempre da más material.
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