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Once días después de haber aterrizado en Maiquetía, ya tengo material suficiente para un balance sin estadísticas ni cifras oficiales — solo lo que ven estos ojos cuando uno regresa a Venezuela después de un año fuera. Las impresiones que siguen no son ni un ataque ni una defensa del país: son observaciones de alguien que lo conoce de antes, lo visita con regularidad y trata de verlo sin el filtro de la nostalgia ni el de la frustración acumulada.

Les comento sobre las impresiones que me he llevado hasta el momento, a 11 días de haber llegado a Venezuela (sin estadísticas, estudios ni cifras oficiales):

Y mi impresión general la resumió un sobrino con la frase siguiente: “O sea que todo está igual pero menos pior».

 

Esta serie arrancó con la bitácora del día 1-2. La historia continuará: Venezuela siempre da más material.

Mi sobrino lo resumió mejor que yo con esa frase: «Todo está igual pero menos pior». Hay algo filosóficamente venezolano en esa construcción gramatical — el doble negativo que no niega del todo, el progreso medido en grados de mal menor. Pero detrás de la ironía hay algo real: once días en Venezuela y sigo viendo gente que trabaja, que inventa, que cuida a los suyos. Eso también es Venezuela, y eso también merece ser escrito.

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