Hay una pregunta que me hicieron una vez en una cena en Madrid y que no supe responder de inmediato: «¿A qué sabe Venezuela?»
Pensé durante tres segundos exactos. Y dije: a arepa.
No porque sea el único sabor. Sino porque es el primero. El que aparece antes de que el resto de los recuerdos encuentren su nombre. El chef venezolano Sumito Estévez lo dijo mejor que yo: «La arepa no es comida. Es un idioma.» Y tiene razón. Hay cosas que los venezolanos nos decimos a través de las arepas que no sabríamos decir de otra forma.
Mi mamá las hacía todas las mañanas. Sin receta. Sin medir. Con una mano echaba la harina, con la otra abría el agua del grifo, y en algún punto intermedio que nunca logré calcular exactamente, la masa quedaba lista. Yo le pregunté una vez cuánta harina usaba. Me miró como si le hubiera preguntado cuántas veces respiraba por minuto.
«las que hacen falta,» me dijo.
Tardé años en entender eso. Porque afuera de Venezuela, sin el olor de la cocina de mi mamá como referencia, tuve que aprender a medir.
Lo que aprendí haciéndolas lejos de casa
La primera vez que intenté hacer arepas en el exterior quedaron duras por fuera y crudas por dentro. La segunda, se abrieron por la mitad en el budare. La tercera empezaron a parecerse a algo. La décima ya eran mías.
El proceso de aprender a hacer arepas afuera de Venezuela es, en realidad, el proceso de aprender a ser venezolano sin Venezuela. Buscas el harina PAN en la tienda latina del barrio. La encuentras — siempre la encuentras, en algún anaquel entre el plátano verde y el sofrito enlatado — y en ese momento sientes algo que no es exactamente alegría sino alivio.
Esta es la receta que uso hoy. No es la de mi mamá — la de ella vive en sus manos y ahí se quedará. Pero es la mía, y ya la siento propia.
Receta de arepas venezolanas
Ingredientes (para 6 arepas medianas)
- 2 tazas de harina de maíz precocida (Harina PAN, la amarilla)
- 2½ tazas de agua tibia
- 1 cucharadita de sal
- 1 cucharada de mantequilla o margarina (opcional, pero marca la diferencia)
Preparación
- Mezcla el agua tibia con la sal. Si usas mantequilla, disuélvela en el agua antes.
- Agrega la harina poco a poco mientras revuelves con los dedos. La clave está en los dedos — una cuchara no siente la textura igual.
- Amasa hasta que no queden grumos y la masa no se pegue en las manos. Si se pega, más harina. Si se rompe, más agua. Así hasta encontrar el punto.
- Deja reposar 3 minutos. Este paso lo saltaba siempre y las arepas me quedaban rajadas. No te lo saltes.
- Forma bolitas del tamaño de una pelota de golf y aplánalas suavemente con las palmas. El grosor ideal: un centímetro y medio.
- Cocinas en budare o sartén antiadherente a fuego medio, sin aceite, unos 5-6 minutos por lado. Cuando suenan huecas al golpearlas suavemente, están listas.
- Terminas en el horno a 180°C por 10 minutos si las quieres bien cocidas por dentro — o las dejas en el budare si te gustan más blanditas.
El relleno: aquí cada quien defiende lo suyo
Venezuela es un país donde la arepa une pero el relleno divide. Hay familias que no se hablan por la arepa de pabellón. Otras que consideran una herejía ponerle aguacate solo. Mi posición personal, que defiendo con la tranquilidad de quien sabe que no convencerá a nadie: la reina pepiada es la cumbre de la civilización venezolana.
Pero afuera, con lo que hay, aprendes a improvisar. El queso blanco venezolano puede reemplazarse con feta seco. La carne mechada funciona con cualquier corte que se desmenuce. El caraotas puede hacerse desde cero y quedar igual — eso sí requiere paciencia y la receta correcta, que te la cuento en otro post.
Por qué hacemos arepas lejos de casa
No es solo por hambre. Si fuera hambre, cualquier pan funcionaría.
Hacemos arepas afuera porque es la manera más directa de invocar algo que no tiene nombre exacto pero que todos los venezolanos reconocen: esa sensación de que el mundo tiene sentido, de que hay un orden en las cosas, de que este día también va a poder sostenerse.
Claudio Nazoa escribió alguna vez que «los venezolanos llevamos a Venezuela adentro como se lleva la música: sin darnos cuenta de que la estamos tarareando.» La arepa es eso. La tarareamos en la cocina de cualquier ciudad del mundo a las siete de la mañana, y por un momento, estamos en casa.
¿Cuál es tu relleno favorito? ¿Y cuál fue el primer relleno que improvisaste afuera porque no había otra opción? Contanos en los comentarios o envíanos tu historia.
¿Volviste o estás planeando volver a Venezuela? Lee la guía completa para volver de visita — con todo lo que necesitas saber antes de llegar.
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